El artículo es una crítica desde un punto de partida no tradicional, intentando hablar desde las inquietudes sobre el tema de la ciencia política en México, debido a que la ciencia persiste dentro del imaginario colectivo como una forma más de dar respuesta a sus problemas, no como aquella forma especializada, falible y contrastable de conocer, susceptible a la noción de progreso y al advenimiento de nuevas o mejores formas de proceder.

La política en México es aún, una especie de producto mezclado, proveniente del influjo de cierto ideario externo a los márgenes del territorio, es posible dar contrapeso y resulta aún más plausible el encausar de manera científica el desarrollo, con el advenimiento de las nuevas generaciones, de jóvenes investigadores promotores de un motor más eficiente, sangre nueva; aquellos que de acuerdo a las expectativas (Las cuales siempre son defraudadas) prometen un mejor mañana para todos aquellos que estamos involucrados voluntaria o involuntariamente en esto que llamamos nación.

Seamos aún más contundentes, la mayor parte de la investigación científica social, necesita renovarse o morir.

Identidad politológica

Para consolidar la identidad de la investigación politológica no necesitamos mirar al pasado, pero es necesario entenderlo para lograr producir ciencia en el presente y garantizar un futuro legitimo para el desarrollo de la disciplina. Recuérdese aquella clásica conferencia de Max Weber “la ciencia como vocación” en donde al terminar dicha charla, dice: “Hay que ponerse al trabajo, y responder como hombre y como profesional, a las exigencias de cada día. Esto es simple y sencillo si cada cual encuentra el demonio que maneja los hilos de su vida y les presta obediencia” (2000:233). Ante esta postura cabe aclarar que esto no es algo que se logra naturalmente, sino en tanto esfuerzo humano, que impulse el triunfo y mejoramiento de la condición humana.

Hablemos de la postura de los organismos públicos y la motivación hacia el estudio científico de las ciencias política para lograr la identidad politológica, pues sin el apoyo contundente por parte de los organismos públicos y privados, posibilitados para invertir dentro de la realización de estudios politológicos, aunque principalmente, sin el interés necesario el trabajo aparece como una consecución imposible, ya que el camino ha sido arduo y lleno de vicisitudes; si no hay inversión, es porque no hay interés y esto demuestra una falta clara de vinculación entre el ámbito académico y la población en general, ya que es evidente, que no se espera un conocimiento altamente especializado por parte del lego dentro de la materia, pero si alguna credibilidad, un entusiasmo por motivar a aquellos que se dedican a la Ciencia Política.

Vinculación académica y práctica política

Existe una falta de vinculación entre el sector, o ámbito, académico y la práctica política, en donde el politólogo se planta en la silla del profesor, en la cátedra, a impartir un conocimiento que, en buena medida, pareciera estéril por la falta influencia. Es decir, la problemática clásica sobre la calidad y objetividad de los estudios previos dentro de los márgenes de la disciplina, bajo la clásica pregunta sobre la clase de ciencia política que se hace en México.

Popper, aseguraba que la ciencia surge de los problemas y no de las hipótesis planteadas sobre la realidad, principalmente de la frustración de expectativas o del choque entre teorías (1997:196).

Otro enfoque es la creación de programas universitarios que resulten vigentes y prácticos, sigue siendo un proceso difuminado por la exacerbada burocratización de las universidades, porque todavía el gran ideal de la ciencia política es: la cientificidad de los estudios politológicos y en menor medida, su vinculación con la praxis política, pareciera amorfo e incipiente, como si el trabajo no pudiese ser concretado de alguna manera y los esfuerzos hasta ahora vertidos, fuesen en cierta forma, notas preliminares para la culminación de una credibilidad, una legitimidad de los estudios sobre legitimidad.

Podemos observar el influjo de información que las escuelas europeas y estadounidenses han tenido a lo largo del tiempo. Esto sirve para reafirmar algo que dentro del ámbito de la ciencia mexicana aparece como una constante: en ocasiones triste, falta de innovación e independencia de la ciencia local en el contexto latinoamericano.

Intención de la ciencia política

La intención misma de una ciencia política, es procurar bienestar generalizado, un incremento dentro de las expectativas de vida y la viabilidad de los planes que los individuos decidan. Porque frente a la fuerza de la opinión de aquellos que se ostentan como intelectuales, como lideres de opinión, que, al no estar versados dentro de los ámbitos específicos de la ciencia, vituperan y malgastan el avance, encausando el decir popular en términos irregulares y sin un planteamiento fuerte que lo sustente, producen lo que Barrientos denomina, Pseudociencia política y Posmodernismo politológico

Pseudociencia política y Posmodernismo politológico

Conceptos interesantes que a mi parecer resultan un tanto sugerentes pero susceptibles a unos comentarios, primero, porque el producto de las charlas televisivas de café y de las producciones periodísticas en materia política, producidas dentro de las diversas televisoras o editoriales no se ostentan como ciencia política, sino como libros o programas sobre política, y el segundo, pues que dentro de una nación con tan poca confianza en la ciencia, como lo demuestra la encuesta Nacional sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología del 2011, no existe una crítica consciente bajo el clásico modelo histórico o sociológico de Fleck, Kuhn o la Escuela de Edimburgo, sino una falta de credibilidad generalizada al mismo investigador social, inclusive dentro de sí mismo.

Ciencia política mexicana

Necesitamos una ciencia fuerte, para fortalecer la opinión pública; por ello, incrementar el acervo dentro de las filas de personas interesadas dentro de la ciencia política, segundo, lograr mayor vinculación y con esto encausar de buena medida las expectativas de respuesta que el sistema político nos brinda. Pero con agradecimiento al pasado y su conocimiento, no de su veneración, para fortalecer un presente, tan desolador como parece ocasionalmente, y garantizar un futuro exitoso, en donde la ciencia política tenga un rol importante dentro de la vida social.

  • Referencia: Revista Mexicana de Análisis Político y Administración Pública. Departamento de Gestión Pública y Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno. Volumen III, número 2, julio-diciembre 2014. Pp. 337-342


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