En el análisis de la economía política, la relación entre mercancía y trabajo es fundamental para comprender cómo se organizan las relaciones económicas y sociales en el capitalismo. Este vínculo fue ampliamente desarrollado por Karl Marx, quien lo convirtió en el punto de partida de su crítica a la economía política clásica (Smith y Ricardo), estableciendo que las mercancías no son solo objetos materiales, sino expresiones de relaciones sociales mediadas por el trabajo humano.

La mercancía: valor de uso y valor de cambio

La mercancía es, en primer lugar, un objeto útil, es decir, tiene un valor de uso que satisface alguna necesidad humana. Pero en el contexto del intercambio, adquiere también un valor de cambio, es decir, un valor que expresa su capacidad de ser intercambiada por otras mercancías.

“La mercancía es, ante todo, un objeto externo, una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas […] pero en cuanto es valor de cambio, ya no representa una utilidad específica, sino el trabajo humano abstracto contenido en ella” (Marx, 1867/2010, p. 45).

Para Marx, el valor de cambio no surge de la utilidad, sino de la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir la mercancía. Esta es una crítica directa a los economistas clásicos, quienes reconocían el papel del trabajo, pero no distinguían entre trabajo concreto (actividad útil) y trabajo abstracto (trabajo en general como creador de valor).

El trabajo como creador de valor

En el capitalismo, el trabajo humano es la fuente del valor. Sin embargo, lo que se intercambia en el mercado no es directamente el trabajo, sino los productos del trabajo, convertidos en mercancías. La economía política crítica (marxista) revela que el trabajo no sólo crea objetos útiles, sino que también estructura relaciones sociales específicas bajo formas mercantiles.

“Es el carácter social del trabajo lo que convierte al producto en una mercancía; en sociedades donde la producción está organizada de modo comunitario o planificado, el producto no necesita adoptar la forma de mercancía” (Harvey, 2010, p. 65).

En el capitalismo, incluso el trabajo mismo se convierte en una mercancía: la fuerza de trabajo. Esto implica que los trabajadores no sólo producen mercancías, sino que venden su capacidad de trabajar a cambio de un salario, mientras el capitalista se apropia del valor creado.

El fetichismo de la mercancía

Una de las aportaciones clave del enfoque marxista es el concepto de fetichismo de la mercancía, que consiste en la forma en que las relaciones sociales entre personas aparecen como relaciones entre cosas. Es decir, en el mercado, los productos del trabajo parecen tener un valor “natural”, ocultando el hecho de que son resultado del trabajo humano y de relaciones sociales de producción.

“Este carácter fetichista del mundo de las mercancías surge del peculiar carácter social del trabajo que produce mercancías” (Marx, 1867/2010, p. 71).

Esta crítica es central para comprender cómo la economía política dominante naturaliza las formas del mercado, sin revelar las relaciones de explotación y desigualdad que las sostienen.

Desde la perspectiva de la economía política crítica, especialmente en la obra de Marx, la mercancía y el trabajo no son categorías técnicas o neutrales, sino formas históricas de relaciones sociales propias del capitalismo. Entender que el trabajo es la fuente del valor y que las mercancías encubren relaciones sociales permite revelar las dinámicas de explotación y acumulación de capital. En este sentido, el análisis de la mercancía y el trabajo es clave para desnaturalizar la lógica del mercado y comprender las estructuras de poder en la economía moderna.

Bibliografía

  • Smith, A. (2007). La riqueza de las naciones (T. I y II). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1776)
  • Marx, K. (2010). El capital. Crítica de la economía política. Tomo I (D. de Miguel, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1867)
  • Harvey, D. (2010). El enigma del capital y las crisis del capitalismo. Akal.

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