Ahora hablemos sobre el trabajo, y el trabajo físico, en un título “Trabajo y explotación laboral en la economía actual” descubriendo algunos paradigmas desde la literatura y aportaciones de los teóricos críticos de la economía, la política, el capitalismo y corrientes revolucionarias de la actualidad.
Este contenido es el resultado de una investigación a grosso modo de dicho tema en el contexto de la materia “Economía Política”. Trabajo formativo de mi estudio sobre la Ciencia política y Administración pública, lo dicho aquí está sustentado por citas y referencias bibliográficas.
El trabajo
Definamos ¿Qué es el trabajo? desde la perspectiva de la economía política:
Definición del trabajo en la economía política
Autores como Adam Smith y David Ricardo consideraron al trabajo como la fuente del valor. Smith afirmaba que:
“El trabajo es la medida real del valor de cambio de todas las mercancías” (Smith, 1776/2007).
Para Ricardo, el valor de una mercancía dependía de la cantidad de trabajo necesario para su producción (Ricardo, 1817/2004). Sin embargo, fue Karl Marx quien desarrolló una crítica más profunda, diferenciando entre trabajo concreto y trabajo abstracto.
Pero ¿Qué es el trabajo concreto y el trabajo abstracto?
- El trabajo concreto es la actividad útil que produce bienes específicos (como tejer o construir).
- Mientras que el trabajo abstracto es el gasto general de fuerza de trabajo humano, medido en tiempo, que permite comparar diferentes mercancías.
Según Marx, en el modo de producción capitalista, el trabajo humano es la fuente de plusvalor, es decir, el valor que excede al valor equivalente del salario pagado al trabajador. Esta explotación es el núcleo de la acumulación capitalista.
El capitalista compra la fuerza de trabajo como una mercancía, la emplea en el proceso productivo, y obtiene un producto cuyo valor excede al de los insumos y al salario. Este excedente no se le paga al trabajador: es el plusvalor que se apropia el capitalista.
El trabajo en el capitalismo no sólo implica explotación económica, sino también alienación. Marx identificó cuatro formas de alienación del trabajador:
Alineación del trabajo
- Alienación respecto al producto: el obrero no posee lo que produce.
- Alienación respecto a la actividad: el trabajo es impuesto y no libre.
- Alienación respecto a su esencia humana: el trabajo no es una actividad autorrealizadora.
- Alienación respecto a los otros: las relaciones sociales están mediadas por el mercado.
Esta alienación convierte al trabajo en una actividad opresiva, repetitiva y deshumanizante, pues exige fuerza humana, dedicación y la implicación física del cuerpo, según Marx.
Surge la crítica hacia el trabajo físico.
Trabajo físico
El cuerpo como instrumento de trabajo físico
Desde la economía política crítica, el cuerpo del trabajador se convierte en un medio de producción más, que el capital explota y desgasta. El trabajo físico implica el uso de fuerza muscular, resistencia y destreza, lo que conlleva una carga corporal y un desgaste acumulativo.
Marx expone que el capital no compra el cuerpo del trabajador, pero sí su uso temporal como fuerza de trabajo:
“La fuerza de trabajo es una mercancía cuyo consumo es el trabajo mismo, es decir, el gasto de músculos, nervios, cerebro, etc.” (Marx, 1867/2011, p. 165).
En contraste, el trabajo físico se realiza en condiciones muchas veces precarias, especialmente para las clases trabajadoras que desarrollan sus actividades en medio de la la división social del trabajo impuesta por el capitalismo que ha jerarquizado el trabajo físico (manual) como inferior al trabajo intelectual o de dirección.
División social del trabajo
Esta distinción ha tenido implicaciones sociales, económicas y culturales, desvalorizando a quienes ejecutan tareas físicas y hasta domésticas.
Según Braverman (1974), el proceso de degradación del trabajo físico en la industria moderna ha sido sistemático, separando el conocimiento de la ejecución y reduciendo al obrero a un mero ejecutor de órdenes.
“El trabajo manual es fragmentado, cronometrado y desprovisto de control por parte del trabajador” (Braverman, 1974, p. 79).
Otra perspectiva sobre trabajo y desgaste físico, es el trabajo que realizan las amas de casa y las jefas de familias; un grupo que en la actualidad tiene participación activa en las opiniones y decisiones de la sociedad, vale la pena mencionar que existe una economía política feminista que brinda atención y valorización a este sector.
El trabajo desde la economía política feminista
Se ha ampliado el concepto de trabajo para incluir el trabajo femenino doméstico: el cuidado, el mantenimiento del hogar y otras actividades no remuneradas que sostienen la fuerza de trabajo. Autoras como Silvia Federici y María Mies han resaltado que el capitalismo invisibiliza y se apropia gratuitamente de este trabajo.
“El trabajo doméstico es una pieza clave del sistema capitalista, ya que asegura el rendimiento cotidiano de los trabajadores” (Federici, 2013, p. 22).
Desde la economía política, el trabajo no puede reducirse a una mera actividad económica, sino que es una relación social cargada de tensiones, dominación y conflictos. En el capitalismo, el trabajo es la fuente del valor, pero también el espacio donde se reproduce la desigualdad estructural.
El trabajo físico no ha desaparecido, sino que ha mutado hacia formas más precarias, en sectores como la construcción, agricultura, servicios, logística o reparto. Estos trabajos, muchas veces invisibilizados, son fundamentales para el funcionamiento del sistema económico, pero suelen estar mal remunerados y desprotegidos. Comprender su papel es clave para imaginar alternativas económicas y sociales más justas para las nuevas formas de trabajo y evitar la precarización.
Nuevas formas de trabajo y precarización
En la actualidad, el trabajo enfrenta nuevas configuraciones con la precarización, el teletrabajo, la automatización y la economía de plataformas (como Uber o Rappi). Estos fenómenos tienden a intensificar la explotación y la fragmentación laboral, dificultando la organización colectiva y debilitando los derechos laborales.
Autores como David Harvey y Antonio Negri han analizado cómo el trabajo inmaterial, digital y afectivo está transformando las formas tradicionales de explotación y control.
La economía de plataformas, por ejemplo, ha dado lugar a formas de explotación física más intensas, donde los trabajadores, aunque autónomos en apariencia, están sujetos a algoritmos y métricas que disciplinan su cuerpo y tiempo.
Conclusión
No cabe duda que el trabajo, es una categoría clave para comprender la producción capitalista. Lejos de ser una simple actividad muscular, es una forma de relación social y de subordinación económica.
Reconocer el valor social y humano del trabajo, es una tarea urgente para construir una economía más justa y equitativa mediante las nuevas formas de trabajo y fortalecer las políticas laborales de nuestro entorno.
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Referencias bibliográficas
- Federici, S. (2013). Revolución en punto cero: Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de Sueños.
- Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Akal.
- Marx, K. (2011). El capital: Crítica de la economía política. Tomo I. Siglo XXI Editores. (Original publicado en 1867).
- Mies, M. (1986). Patriarchy and Accumulation on a World Scale: Women in the International Division of Labour. Zed Books.
- Negri, A., & Hardt, M. (2000). Empire. Harvard University Press.
- Ricardo, D. (2004). Principios de economía política y tributación. Alianza Editorial. (Original publicado en 1817).
- Smith, A. (2007). La riqueza de las naciones. Fondo de Cultura Económica. (Original publicado en 1776).
- Braverman, H. (1974). Trabajo y capital monopolista: La degradación del trabajo en el siglo XX. Nuestro Tiempo.

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