Hay algo que me ha estado rondando la cabeza desde hace días. Lo vi en un texto de Ruíz et al. (2023), pero también lo veo en la calle, en los pueblos, en las fiestas patronales que ya no son lo que eran, en los trajes típicos que ahora solo se sacan para el concurso escolar. ¿En qué momento dejamos de mirar nuestras propias raíces con orgullo?

En muchas comunidades que antes brillaban por su riqueza cultural, ahora parece que la identidad se está desdibujando. Las costumbres se están dejando de lado, no porque hayan perdido valor en sí mismas, sino porque la atención de la gente se ha desplazado hacia otras culturas que, aunque atractivas, no nos representan. No estoy diciendo que esté mal conocer el mundo, todo lo contrario: nutrirse de otras formas de ver la vida enriquece. Pero otra cosa es sustituir lo propio por lo ajeno.

¿Y si empezamos por voltear a ver lo nuestro?

El problema es cuando esa apertura se convierte en olvido. Cuando empezamos a valorar más un Halloween que un Día de Muertos, o preferimos la pizza en vez del tamal en fechas especiales. Y no, no es nostalgia ni resistencia al cambio. Es una llamada de atención: si no defendemos lo nuestro, si no lo abrazamos y lo adaptamos a los nuevos tiempos, corremos el riesgo de perderlo. Y con ello, perdemos una parte de lo que somos.

La cultura no es solo tradición, es identidad. Es la historia que contamos sin palabras: en la comida, en la música, en las danzas, en los dichos que heredamos de nuestros abuelos. Y cuando una comunidad empieza a dejar de contar esa historia, ¿qué queda?

Desde mi lectura, esto no es un problema menor ni exclusivo de las comunidades rurales. Es una señal que nos está pidiendo reflexionar sobre lo que estamos transmitiendo, lo que estamos dejando morir por falta de interés o, peor aún, por vergüenza. No podemos permitir que la cultura propia se vuelva un espectáculo ocasional solo para turistas. Es tiempo de vivirla, de sentirla y de enseñarla con la frente en alto.

Porque al final, la identidad no se pierde de golpe, se va borrando poquito a poco… hasta que un día ya no sabemos ni de dónde venimos.

 Referencia: Hernández Mena, V. y Pérez Hernández, D. (2024). Desarrollo sostenible: una mirada económico-administrativa. La biblioteca. Foto: Miguel Ángel Rubio. https://www.mna.inah.gob.mx/detalle_pieza_mes.php?id=273


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