En México, el inglés sigue siendo ese amigo que todos dicen conocer… pero que, en realidad, muy pocos pueden invitar a una conversación. Según datos recientes, solo el 5 % de los mexicanos habla inglés con fluidez. Y no es que falten ganas; lo que falta es un sistema educativo que realmente lo enseñe de forma útil, práctica y conectada con la vida real.
El problema no es nuevo. La UNAM y Mexicanos Primero revelaron que el 79 % de los estudiantes de escuelas públicas no tiene conocimientos del idioma, y que apenas un pequeño porcentaje alcanza siquiera un nivel básico. En un mundo donde el inglés abre puertas a becas, empleos mejor pagados y oportunidades internacionales, este rezago es una factura cara que seguimos pagando.
Ahora bien, el futuro no está escrito… pero sí se puede escribir en inglés. Darren Coyle, director del British Council para México y el Caribe, lo dijo sin rodeos: el inglés es una herramienta estratégica para impulsar el progreso del país, desde la movilidad social hasta la competitividad económica. Aprenderlo no es un lujo, es una inversión.
Problema de política pública
En México, el inglés no es un problema de pronunciación… es un problema de política pública. Se volvió obligatorio en las escuelas hace más de una década, pero sin un plan serio para formar maestros, unificar estándares o garantizar recursos. El resultado: millones de estudiantes que “llevan inglés” en el horario escolar, pero que al egresar no pueden mantener una conversación básica. Cada sexenio reinventa el plan educativo, cambia libros y métodos, y entierra lo que empezó el gobierno anterior, como si aprender un idioma se pudiera lograr a golpe de decreto.
El fondo del asunto es que el inglés no ha sido tratado como herramienta estratégica para el desarrollo del país, sino como materia decorativa en el currículo. Los recortes presupuestales, la desigualdad entre estados y la falta de continuidad en programas como el PNIEB han creado un mosaico de rezago que golpea más fuerte a las escuelas públicas. Mientras el inglés siga en manos de la improvisación y no de una política educativa de Estado, México seguirá viendo cómo se cierran puertas globales que otros países ya están cruzando con fluidez.
El reto
El reto está en dejar de verlo como una materia escolar y empezar a verlo como una habilidad para la vida. Que el inglés salga del libro de texto y entre en las series, la música, los videojuegos, las redes sociales y las conversaciones del día a día. Que los maestros tengan más herramientas, y los estudiantes, más motivación real.
Porque el inglés no es el futuro: es el presente… y México no puede seguir llegando tarde.
Revista


Dejar un comentario