Llevo más de una década emprendiendo. He pasado por todos los papeles posibles: el del soñador que cree en su idea, el del emprendedor que lucha contra la burocracia, el del microempresario que aprende a sobrevivir en un entorno cambiante, y el del ciudadano que intenta entender ahora desde las ciencias políticas por qué un país con tanto talento y creatividad no logra despegar en materia económica.
Hace unos días leí un artículo de Forbes México (Aguilar, Hernández & Rodríguez, 2025) sobre el Plan México, una propuesta presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum para atraer 277,000 millones de dólares de inversión hasta 2030. Suena impresionante. Pero más allá de los números, me pregunté: ¿Estamos realmente listos para que ese dinero transforme el país desde sus cimientos? La respuesta, lamentablemente, es más compleja de lo que parece.
El discurso del desarrollo vs. la realidad del emprendedor
Los grandes planes económicos suelen sonar esperanzadores en el papel. Pero quienes estamos al frente de un negocio sabemos que México no avanza solo por falta de inversión, sino por las fallas estructurales que hacen inviable la sostenibilidad de los negocios.
En México, las leyes pueden cambiar sin previo aviso, y eso destruye la confianza. Cuando eres microempresario, dependes de la certeza: de saber que tus impuestos, tus permisos o tus derechos no se modificarán de un sexenio a otro. Pero eso rara vez ocurre.
La incertidumbre desalienta al inversionista extranjero y asfixia al emprendedor local.
Otra realidad es que la informalidad sigue dominando la economía. Muchos negocios prefieren no registrarse por miedo a los impuestos, los trámites o la falta de beneficios visibles. Pero eso también los excluye del acceso a crédito, tecnología o capacitación.
He visto panaderías, talleres, estéticas o puestos de comida con un potencial enorme, pero que se quedan estancados porque el sistema no los acompaña para profesionalizarse.
Desigualdad regional y concentración del desarrollo
El país está partido. Mientras el norte y algunos polos industriales prosperan, gran parte del sur y el centro viven con condiciones precarias para emprender. La infraestructura, la educación técnica y la conectividad están mal distribuidas. Y esa desigualdad impide que el “Plan México” sea verdaderamente nacional.
Si de verdad queremos que el desarrollo económico sea una realidad y no un titular, hay que apostar por las pymes. No desde el discurso, sino con acciones concretas, por ejemplo estas políticas públicas:
- Financiamiento accesible y acompañamiento técnico. Los créditos deben ir acompañados de asesoría. No se trata solo de prestar dinero, sino de enseñar a usarlo bien. Microcréditos con tasas justas y programas que orienten sobre finanzas empresariales podrían marcar una gran diferencia.
- Innovación y digitalización. En la era de la inteligencia artificial, la mayoría de las pymes mexicanas siguen manejando sus cuentas en libretas o Excel. Se necesitan programas que impulsen la transformación digital real: tiendas en línea, manejo de datos, marketing digital, procesos automatizados.
- Simplificación regulatoria. Los trámites son el enemigo número uno del emprendedor mexicano. Abrir un negocio formal puede tomar meses y requerir decenas de permisos. Se necesita un sistema simplificado, con plataformas únicas por municipio y asesoría accesible.
- Desarrollo regional. Hay que descentralizar la inversión. Incentivar la creación de polos productivos en estados con rezago económico y apostar por el talento local. El país está lleno de microempresarios que podrían ser grandes generadores de empleos si tuvieran apoyo real.
- Protección ante competencia desleal. Las pymes también necesitan defensa. Es injusto competir con corporaciones que manejan márgenes, publicidad y privilegios que un pequeño negocio no puede costear. Se requiere una política clara que garantice condiciones más equilibradas para los productores y comerciantes locales.
Como mercadólogo, veo que seguimos esperando que las grandes inversiones cambien el país, cuando el verdadero cambio debería comenzar desde lo local. Como emprendedor, he aprendido que el crecimiento requiere tres cosas: claridad, acompañamiento y constancia institucional. Y como politólogo en formación, creo firmemente que sin una estructura jurídica sólida y políticas públicas de largo plazo, cualquier plan económico terminará siendo una promesa de papel.
México no avanza porque sus empresarios pequeños siguen siendo invisibles. Porque el pais sigue diseñando políticas para los grandes corporativos, no para el emprendedor que abre su panadería, su taller o su negocio familiar con un sueño y mucho esfuerzo.
La verdadera innovación no está solo en atraer capital extranjero, sino en construir un país que crea en sus propios ciudadanos. El Plan México puede ser una oportunidad histórica, pero solo si va acompañado de un cambio profundo: uno que mire hacia adentro, hacia el talento y la resiliencia que caracteriza al mexicano promedio.
Si queremos que México crezca, los planes macro deben conectarse con las realidades micro. Que los números millonarios no se queden en la portada de Forbes o en una conferencia de prensa, sino que lleguen a las manos de quienes todos los días mueven la economía desde abajo.
Las pymes son y seguirán siendo el corazón de México. Y mientras ese corazón no reciba oxígeno, el país seguirá caminando con fatiga, soñando con desarrollos que nunca llegan.
Referencia: Aguilar, D., Hernández, E., & Rodríguez, S. (2025, 13 de enero). Plan México es más ‘innovador’: Consejo Mexicano de Negocios. Forbes México. Recuperado de https://forbes.com.mx/plan-mexico-es-mas-innovador-consejo-mexicano-de-negocios/
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