Tabasco es un estado con un enorme potencial energético y natural. Sus reservas de petróleo y gas, así como su ubicación estratégica, lo han posicionado históricamente como uno de los pilares de la economía energética de México. Sin embargo, a pesar de estas ventajas, la realidad económica local es mucho más compleja y preocupante.

Crecimiento desigual y falta de oportunidades

Aunque algunos indicadores muestran crecimiento, este es desbalanceado y no necesariamente traducido en bienestar social. Según datos del INEGI, el Producto Interno Bruto Estatal (PIBE) de Tabasco creció un 2.9% en 2023, pero sectores clave como la agricultura y la industria primaria sufrieron retrocesos de hasta 6.9% (INEGI, 2024).

Este crecimiento parcial y concentrado refleja un modelo económico altamente dependiente del petróleo y del gasto público, sin diversificación ni inversión estratégica en otros sectores. Proyectos emblemáticos como la refinería de Dos Bocas generan titulares y cifras millonarias, pero no necesariamente impactan en la creación de empleos formales y de calidad para la población local.

La informalidad laboral es un problema persistente: cerca del 36.7% de la población ocupada se encuentra en empleos informales (INEGI, 2024), mientras que la tasa de desempleo en el primer trimestre de 2024 se situó en 4.1%, por encima del promedio nacional (INEGI, 2025). Esto significa que, aunque haya trabajos disponibles, muchos no ofrecen seguridad social, estabilidad ni salarios dignos.

Factores estructurales que limitan el desarrollo

Más allá del petróleo, Tabasco enfrenta problemas estructurales de desarrollo. La falta de infraestructura empresarial limita la llegada de inversión privada; la educación técnica sigue siendo insuficiente para preparar a jóvenes para el mercado laboral; y la poca vinculación entre universidades y sector productivo dificulta la innovación y la creación de nuevas empresas.

Estos factores generan un escenario donde los jóvenes, aun con educación superior, terminan emigrando o aceptando empleos informales, perpetuando un ciclo de subempleo y escasa movilidad económica. La política pública local ha mostrado insuficiencia para romper este círculo: la dependencia del gasto federal y de proyectos específicos no logra fomentar un crecimiento sostenible ni inclusivo.

Hacia un cambio de enfoque

Para revertir esta situación, Tabasco requiere un cambio de estrategia económico y social. Es necesario reducir la dependencia del petróleo y diversificar la economía, impulsando sectores como:

  • Innovación tecnológica y digitalización.
  • Agroindustria y proyectos sostenibles que aprovechen la riqueza natural del estado.
  • Turismo responsable que genere empleos y oportunidades de inversión local.
  • Energías limpias, aprovechando los recursos naturales de manera sustentable.

Además, es imprescindible fortalecer la educación técnica y profesional, vincular a las universidades con la industria y crear incentivos para que las pymes crezcan y se formalicen. Solo así el desarrollo económico podrá ser inclusivo, sostenible y duradero, y no limitarse a estadísticas que inflan los titulares pero no impactan la vida cotidiana de los tabasqueños.

Tabasco es un ejemplo de cómo el potencial económico no siempre se traduce en bienestar social. Los grandes proyectos, aunque llamativos, no son suficientes si no se acompañan de políticas públicas que garanticen empleo digno, inversión local y diversificación productiva. La clave para el estado está en combinar infraestructura, educación, innovación y sostenibilidad, para transformar los recursos naturales y energéticos en un motor real de oportunidades para su gente.

Fuentes:


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